La enseñanza de las Ciencias Naturales.

Aportes  para pensar el marco epistemológico y pedagógico-didáctico del área

Al intentar fundamentar el área es preciso tener en claro cuál es la concepción actual de las Ciencias Naturales a la luz de las más recientes teorías epistemológicas.

        Muy lejos de la creencia común, la ciencia no es la actividad que conduce al descubrimiento de la verdad  sino aquella que posibilita la construcción de teorías explicativas de los fenómenos directa o indirectamente observables. La mayor o menor validez de estas teorías dependerá de su adecuación a los observables, su  coherencia interna y su capacidad para explicar los fenómenos, lo que implica aceptar su carácter provisorio ya que pueden ser sustituidas por otras teorías de mayor alcance explicativo y predictivo.

         Esta concepción  destaca el carácter histórico y dinámico de las ciencias lo que sin duda incide necesariamente en el enfoque de la enseñanza. En la escuela se deberían  presentar los aportes de estas teorías no como verdades acabadas y definitivas sino provisionales, tratando de poner en evidencia  los mecanismos intelectuales que permitieron su producción en un contexto sociohistórico y político determinado. Esto hará posible también el abandono de la creencia sobre el carácter neutro, aséptico e incontaminado del conocimiento científico.

         Otro supuesto  que conviene desterrar es aquella idea positivista que hace referencia al método científico como un proceso único y  ordenado  de pasos que se inicia con la observación y continúa con la formulación de hipótesis. La epistemología actual así como la historia de las ciencias coinciden en señalar que el punto de partida del trabajo científico es la formulación de un problema a resolver, que es el que otorga sentido a las observaciones y orienta la formulación de hipótesis. Junto a las habilidades de observar, medir, comunicar, clasificar, inferir e interpretar, los científicos destacan el valor de la  creatividad y la imaginación en la elaboración de las teorías.

          Es importante destacar también que en las formulaciones curriculares más recientes se presenta la diferenciación entre la ciencia erudita y la ciencia escolar, a la que habría que agregar la “ciencia infantil”. La primera hace referencia a la actividad de los científicos y las teorías científicas, que no es “la ciencia” que tiene lugar en la escuela. Esta  es el resultado  de la  “transposición didáctica” y  es lo que nombramos como “ciencia escolar”.  Las teorías infantiles no constituyen propiamente una ciencia; no obstante se trata de representaciones subjetivas fuertes y difíciles de cambiar por lo que merecen ser tenidas en cuenta si deseamos que los niños y niñas aprendan los contenidos del área.

        Finalmente, observamos la tendencia actual de insertar la enseñanza de las ciencias en el marco de los procesos de alfabetización en sentido amplio, entendida como la adquisición de las habilidades lingüísticas y cognitivas necesarias para el ingreso al mundo de los conocimientos que la humanidad ha producido a lo largo de su historia. La alfabetización científica en la escuela se concibe como una combinación  dinámica de las habilidades cognitivas y manipulativas, actitudes, valores y representaciones acerca del mundo natural y el modo de conocerlo. En otras palabras, afirmamos que no se trata de formar pequeños científicos sino de lograr que los niños y las niñas desarrollen modos de pensar, de hablar y de hacer que les permitan comprender, valorar y cuidar el mundo y vivir mejor en él.

                                                                                                                                         Lic. Marta Elena Rita Vennera


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